Durante más de ocho días, un grupo de misioneros visitó y recorrió la Isla Llingua, en la comuna de Quinchao, llevando un mensaje de fe y esperanza a cada rincón de la comunidad.
El padre Carlos Cárdenas, párroco de Achao, destacó la importancia de esta experiencia pastoral:
“Fue una experiencia muy bonita, con ocho días de trabajo, donde la gente pudo experimentar la alegría de la misión, de quienes llegan a compartir la fe y del sacerdote que acompaña. Pudieron celebrar la Santa Misa, visitar enfermos y adultos mayores, y orar por los difuntos, algo tan propio de la Diócesis de Chiloé. Todos quedaron muy contentos y con la esperanza de volver el próximo año, si Dios así lo permite”.
Antes de regresar a sus lugares de origen, el sacerdote a cargo del grupo misionero, Humberto Loyola, perteneciente a la Congregación Sagrada Familia de Nazaret de los Padres Pía Martinos —con presencia en Santiago y Talca, especialmente en colegios y parroquias— también compartió su testimonio:
“Estuvimos en la Isla Llingua en una misión casa por casa. Visitamos a todas las familias de la isla y eso nos alegró mucho. Vivimos el cariño con que nos acogieron y palpamos la presencia de Dios en el dolor y en el sufrimiento, pero también en la vida en comunidad, que se vive muy intensamente aquí. La acogida es muy diferente a la de las grandes ciudades como Santiago o Talca; aquí la disposición para escuchar y abrir el corazón es muy grande”.
Por su parte, el joven misionero Franco Araya, del Colegio Pía Marta de Estación Central, relató:
“La experiencia ha sido muy bonita. Nos ha tocado profundamente el corazón como grupo misionero. Ha sido muy emocionante todo lo que hemos realizado. Gracias a Dios pudimos recorrer casi toda la isla y seguimos orando por cada una de las familias”.
La comunidad de Llingua despidió a los misioneros con gratitud, dejando abiertas las puertas para un próximo encuentro que permita continuar fortaleciendo la fe y la vida en comunidad.




















