GUÍA NO PRÁCTICA PARA LAS PRÓXIMAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

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Estamos a las puertas para elegir al próximo presidente de Chile. Diremos, en primer lugar, de lo que no se trata esta columna. No es una propuesta para votar por un candidato(a) específico. Tampoco es un análisis sobre las tendencias estadísticas que muestran las últimas encuestas. Sin embargo sí es una invitación a reflexionar sobre un nuevo período que está pronto a comenzar para nuestro país. En efecto, independiente si hay o no segunda vuelta (algo de verdad hay en las encuestas, hay que reconocerlo), lo cierto es que cada uno de nosotros debe enfrentarse a una pregunta tan antigua, como siempre vigente: ¿cuál es el norte?, pero no lo planteamos desde lo que se acostumbra a mostrar en análisis “políticos” contingentes, a saber, desde un programa de gobierno en particular. No, estamos hablando acá del sentido que define nuestro país, que constituye lo que somos y lo que nos obliga a plantearnos, por ello mismo, si estamos bien o no. Este tipo de planteamiento nos invita a desconectarnos por un momento, apagar el televisor y desconectarnos de las redes sociales, porque sus respuestas no estan ahí. Preguntas incómodas, porque no las deben responder los candidatos -de eso ya hemos visto bastante en los últimos debates en radio y televisión- sino que debemos abordarlas nosotros mismos, desde nuestra particular realidad cotidiana. ¿Lo hacemos?, ¿sí? ¿se conecta con lo que percibo en el ambiente político?, ¿no?, ¿por qué no se conecta con la realidad electoral de este tiempo? Esto significa que un período de elecciones, va mucho más allá que llenar una papeleta (incluso si decido no ir a llenarla en un acto de rebeldía o apatía extrema, la pregunta sigue siendo válida), es una oportunidad de mirarnos como país, como región, como comuna, como barrio, en fin, como familia. Porque, si un presidente gobierna -como hemos acostumbrado a escuchar en este tiempo- para todos los chilenos y chilenas, entonces lo de arriba debe tocar en algún punto con lo de abajo, quienes están en La Moneda deben lograr “leer” la realidad de las familias, pasando por las distintas capas sociales que la van entretejiendo: barrios, comunas y regiones.

Esta pregunta podemos ampliarla y leerla en un sentido más amplio, ¿se ha conectado alguna vez lo de arriba con lo de abajo? ¿ha cambiado mi realidad particular con algún gobierno en concreto? ¿solamente en aspectos materiales? Una extraña zona de grises surgen cuando llegamos a este punto, porque nos invita ahora mirar de un modo más profundo, más humano, más real, ¿menos “político”? Esto es así, porque el mundo de hoy es globalizado, instantáneo, digital, todo está conectado, una crisis en algún lugar remoto, puede afectar nuestra realidad doméstica en cosa de segundos, ¿no fue así con el covid-19? ¿no es así con el aumento del costo de vida a nivel mundial? ¿no es así con el avance de la inteligencia artificial? Esto suscita otra pregunta también muy punzante: ¿quién gobierna realmente? Sin duda, existen de hecho los tres poderes que definen todo gobierno democrático según se indica en nuestra Constitución vigente: poder judicial, legislativo y ejecutivo. A eso podemos sumar otras instituciones de importancia, pero qué ocurre cuando esa estructura llamada simplemente “gobierno” queda condicionada por estas fuerzas globales, qué ocurre cuando las tendencias en este nivel tan “lejano” sí afectan mi realidad, sí inciden en mi identidad, sí afectan nuestras costumbres y tradiciones independiente del color político de turno (ej.: ¿cómo ha afectado el uso masivo de internet en las tradiciones en Chiloé: agricultura, música, arquitectura?, ¿de dónde proviene lo que comemos, escuchamos y habitamos?, podríamos incluso agregar como aspecto espiritual la religión, pero eso ya escapa a lo márgenes de este análisis). Entonces, el fenómenos es más compĺejo y más dinámico que decidir marcar una simple papeleta este domingo entre un número de candidatos, por los cuales me pueda sentir más o menos identificado. La pregunta de fondo va más allá de por quién votar o no, se trata de comprender que el mundo actual enfrenta una suerte de frenesí sin salida, un espiral, o, más concretmaente: una paradoja. Un clásico que puede ayudarnos a mirar con altura de miras esta situación que lleva varias décadas gestándose:

El mundo moderno entero se ha dividido entre Conservadores y Progresistas. El trabajo de los Progresistas es seguir cometiendo errores. El trabajo de los Conservadores es impedir que los errores sean corregidos” (Chesterton)

Pidamos con humildad y paciencia a Dios todopoderoso que nos permita, no solamente cumplir con nuestro deber ciudadano de ir a sufragar, sino también de “leer” los tiempos que vive nuestro país y el mundo entero, logrando siempre prestar atención y cuidado a los más necesitados (material y espiritualmente hablando). En palabras del mismo Dios por boca de Pedro: “Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana: sea al rey, como soberano, sea a los gobernantes, como enviados por él para castigo de los que obran el mal y alabanza de los que obran el bien” (1 Pe 2, 13-14).

+ pax et bonum

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