¿CHILOÉ MÁGICO?

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Ha llegado marzo y el ritmo de nuestras vidas comienza una vez más a acelerarse. Pero, aunque las rutinas cotidianas de trabajo y/o estudio nos vuelven a sumergir en los ritmos habituales, algo ha cambiado y es bueno reflexionar antes que se vuelva difuso. La memoria es frágil. Se trata de los recientes dos asesinatos ocurridos hace menos de un mes en Chiloé. Dalcahe y Castro, como dos puntos equidistantes de una incógnita que no sabemos -¿o queremos?-resolver. De los detalles, la prensa ha informado ya suficiente. Pero la pregunta de fondo sigue siendo esta: ¿por qué? Como una inercia natural en nuestra condición humana, solemos desentendernos y mirar hacia el lado, después de todo ¿no es esto otro motivo para que nuestras autoridades políticas resuelvan el problema? ¿mayor seguridad ciudadana, mayor control policial o mayor restricción a los migrantes? El tejido social está dañado en este archipiélago y es bueno mirar con madurez cómo este archipiélago ya no puede seguir siendo observado con ojos de “turista”. Términos como “Chiloé mágico”, no son ya más que palabras cada vez más lejanas. Sin duda, el paisaje natural, todavía mantiene una singularidad y belleza. Pero tampoco ello es ajeno al problema, pues con ritmos más propios de ciudad, el ciudadano medio de estas tierras, ya sea nacido o foráneo, cada vez presta menos atención al paisaje, absorto en sus dispositivos móviles y en ritmos cada vez más acelerados de trabajo y entretenimiento, como si el paisaje ya no valiera la pena observarlo o simplemente no nos provoca nada extraordinario al ser parte de lo misma rutina. En parte, los trágicos asesinatos que han afectado a estas tierras, no son más que el efecto de este daño social y que sus raíces tienen paradójicamente su respuesta en aquella manoseada palabra llamada “progreso” y que en otras columnas ya hemos abordado.

Idílico atardecer en la ruta que une Castro con Dalcahue. Cuesta creer que este paisaje ha sido escenario de tan dolorosas tragedias en las últimas semanas.

La violencia social, en sus distintas manifestaciones como puede ser un crimen, tiende a ocultarse en lo políticamente correcto. Y mientras ello se absorbe en las agendas del gobierno de turno, el síntoma pierde sentido y nos vamos acostumbrando a algo completamente anómalo. Podríamos hacer un ejercicio personal, esto es, dejar de analizar estas tragedias desde la prensa amarilla o desde los discursos políticos eternamente neutros y volvernos hacia la memoria histórica y biográfica de estas tierras. ¿Cómo era antes la vida por estas tierras?, ¿cuándo comenzó a cambiar esto? Muchas sorpresas encontraremos, se trata de un volver a mirar estas latitudes con otros ojos…los que quizás nunca debemos olvidar de recordar cuando estas tragedias ocurren. No se trata de volver a un pasado ya ido y mirarnos con una nostalgia. Todo lo contrario, se trata de emnmendar el rumbo, como ocurre precisamente en la navegación cuando viene mal tiempo. Solo así podremos tener mayor perspectiva para dar un juicio sobre nuestro gris presente y no seguir arrastrándonos por las modas o por las promesas políticas, ambas, hace tiempo efímeras y volátiles. Para concluir un breve extracto de un clásico análisis a quiénes eran los chilotes a los ojos de un foráneo en otros tiempos:

¡Qué agradable país sería el Chile central si estuviera poblado solamente por chilotes! Este pueblo merece una protección más decidida, para que sean ellos, y no otros, quienes colonicen el inmenso territorio del Sur, y al cual ya está adaptados por el clima, la vida, los cultivos y la navegación” (Benjamín Subercaseaux, “Chile o una loca geografía”, p. 246).

Que la Virgen del Carmen, Patrona de Chile, proteja nuestros hogares y nos libre del espiral de la violencia sin sentido, que estas bellas tierras sigan siendo fuente de buenos pensamientos y acciones hacia el más necesitado.

+ pax et bonum

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