Con la llegada del nuevo año, se nos da un momento propicio para escribir sobre un tema que dice relación directa con Chiloé. Como todo buen saludo de año nuevo a un ser querido o conocido, también el lugar donde vivimos está implícitamente incluido, ya que es el territorio que nos une e identifica. Nos concentraremos en esta ocasión, por tanto, en nuestro archipiélago, como una forma de tomar conciencia de dónde estamos y hacia dónde debemos ir.

El fenómeno concreto sobre el cual quisiéramos llamar la atención apunta al cambio de paisaje que está afectando a Chiloé y que someramente abordamos en una columna anterior. Con ello no nos referimos solamente a las ciudades más grandes tales como Castro, Quellón o Ancud, entre otras, donde el cambio es evidente en las construcciones para servicios como farmacias o supermercados, sino también a las zonas rurales, donde grandes terrenos son subdivididos para proyectos suburbanos de vivienda o parcelas de agrado. Baste simplemente poner atención mientras uno se desplaza por la vía pública y ve cómo la llegada de bienes y servicios en el caso de las ciudades, o la venta de terrenos en las zonas rurales, está consolidando una tendencia. Esta tendencia podríamos denominarla con el nombre de “progreso”. Pero no se requiere mucha agudeza ni grandes estudios para percibir que dicho nombre contiene una serie de elementos en conflicto que difícilmente podríamos catalogar de puramente “positivos”. Una suerte de contradicción vital en el chilote común y corriente es donde resulta más interesante poner la atención para comprender esta ambivalencia en lo que llamamos progreso. En efecto, nadie duda, por ejemplo del enorme beneficio que permite hoy la red de antenas 5g para red móvil o la fibra óptica que son ya una realidad en gran parte del archipiélago. Pero el reverso de este progreso no suele ser tan evidente: ¿cómo afecta el mayor número de horas conectado a la red de redes (internet) a nuestro contacto con la tierra y la cultura chilota? Por nombrar solamente uno: lo que hoy escuchamos (música): ¿cómo afecta al folclor chilote? ¿fomenta el acceso a otras realidades folclóricas la creatividad de los músicos o simplemente las obstaculiza? El efecto irrumpe de manera silenciosa, pero constante, como una corriente subterránea.
Esta corriente silenciosa es la causante de lo que llamamos progreso. Nos maravillamos con la llegada de bienes y servicios, sentimos que nuestra vida cotidiana se nos hace más fácil, incluso percibimos una mayor variedad en oportunidades de empleo que nos inducen a creer que todo ello es bueno. Pero, guste o no, Chiloé no es más que uno de miles de casos a nivel mundial donde zonas geográficas privilegiadas por su entorno natural son erosionadas por este avance material que nos seduce, pero a la vez nos desarraiga de la tierra entendida como terruño. Es bueno reflexionar en torno a esta idea: el conflicto entre progreso y ruralidad no es exclusivo de este archipiélago, es un fenómeno mundial, aunque cada zona posea elementos singulares. Pensemos, por ejemplo, en el caso de la minería en el norte de Chile o el conflicto en Brasil y Colombia con las zonas del Amazonas al enfrentarse al avance de la industria y urbanización. En todos estos esos casos hubo un cambio social enorme que cambió radicalmente el modo de vida de miles de personas, ya sea a través de desplazamientos urbanos, llegada de nuevos servicios, o incluso conflictos armados.

Esta dicotomía es patente al ver cómo valoramos las tradiciones locales, pero comenzamos a vivir como en las grandes ciudades, como un turista más que ve una realidad local en tercera persona, como un espectador más, como un consumidor y no como un actor y protagonista. Un elemento a considerar en este problema es lo que muchos especialistas denominan el fenómeno de la gentrificación, término ya acuñado en 1964 por la socióloga Ruth Glass. Así, zonas antes pobladas por personas de recursos limitados son desplazados al llegar grupos sociales con mayor poder adquisitivo cambiando la fisonomía del lugar. Precisamente, el desplazamiento no es necesariamente forzado, sino que es inducido por el anhelo de obtener un mejor pasar económico, lo que lleva a vender tierras o buscar viviendas más modernas aunque muchas veces el espacio y ubicación sean cuestionables respecto a la seguridad y calidad de vida: ¿progreso?
Mientras las grandes ciudades sigan creciendo las zonas aledañas quedarán expuestas a esta expansión, donde el valor por lo natural no será más que un asunto estético, turístico, o incluso como patrimonio histórico, quedando así relegado el sentido positivo de una vida rural, entendida como un foco positivo de identidad, incluso un polo de atracción para que nuevas generaciones se sientan atraídas a preservar y continuar creativamente un legado que trasciende el tiempo.

El desafío no radica en atrincherarse en un tradicionalismo que no transa, que sospecha de lo novedoso y del foráneo, sino en lograr adaptarse, siendo capaces de transformar lo extraño en algo completamente autóctono. Un posible caso donde hay mucho que aprender se encuentra en Islandia, ¿coincidencia en que sea una isla o fuente de inspiración para este archipiélago? Lamentablemente el estado de avance de esta erosión social es ya muy avanzado acá en Chiloé, a lo cual se suma el hecho que cueste identificarlo, porque el tradicionalismo a través de sus grupos y sociedades, junto con el turismo industrial, han creado una costra que muchas veces impide ver este fenómeno del cual hemos intentado dar algunas pistas.
El desafío sigue estando abierto y será probablemente el ciudadano común y corriente, una generación híbrida entre chilotes de nacimiento y por adopción (foráneos) quienes puedan tomar la iniciativa por un futuro prometedor, que salve lo singular antes que lo global, con una iniciativa que marque un camino antes que los grupos políticos, pues a nivel nacional hace mucho tiempo que no hay claridad de cuál es el rumbo que debemos seguir como país. Y tú querido Chiloé: ¿a dónde vas? (quo vadis?)
Que la intercesión de tantos misioneros en estas tierras chilotas que gozan de la gloria de Dios intercedan por la gente de este archipiélago para que perseveremos con humildad en esta transitoria vida por el bien del prójimo, que también incluye al foráneo y a las futuras generaciones.
+ pax et bonum